Conectar nuestro cerebro con las máquinas ¿estamos listos?

29 Junio 2017

Hoy volvemos a tocar un tema sobre el que ya hemos hablado en alguna ocasión, como son las BCI (o interefaces cerebro-máquina), que permiten una comunicación directa entre nuestro órgano y un computador, pero lo hacemos desde otro enfoque.

Si bien cuando hablábamos del proyecto Neuralink® comentábamos el potencial de ellas y el interés por parte de la industria tecnológica al más alto nivel, y cuando abordábamos la neuroética poníamos de relieve los potenciales riesgos éticos que entrañaban estas iniciativas, hoy nos preguntamos por el estado actual de estas tecnologías y si son ya una realidad.

¿Son ya una realidad?

Javier Mínguez y Luis Montesano, doctores en ingeniería informática de la Universidad de Zaragoza e investigadores de BitBrain, en una reciente entrevista comentaban que se ha producido una gran evolución en esta disciplina, principalmente enfocada a la neurorrehabilitación con fuertes deficiencias neuromusculares. De hecho, su equipo ha desarrollado algunos de los primeros prototipos de sillas de ruedas y robots de telepresencia operados únicamente con la mente en España, aunque aún no están preparados para el consumo, ya que los equipos aún son grandes, sofisticados e incómodos.
Decían que, en estos últimos tiempos, a pesar de que se han producido grandes avances a nivel tecnológico, especialmente en dispositivos que miden las actividad cerebral, el progreso es más lento de lo esperado.

Afirman por ejemplo que la conexión de un cerebro humano a un ordenador mediante microelectrodos implantables es una realidad en ámbito científico.

El impacto que puede generar la llegada de grandes agentes del mercado tecnológico como Mark Zuckerberg o Elon Musk

Por una parte va a dinamizar mucho el mercado, y sobre todo acelerarán proyectos de investigación, que ahora tendrán una orientación clara a salir de los laboratorios.
Es en este sentido una buena noticia, y también un indicador de lo influyentes que pueden ser estas tecnologías en el futuro.

Pero también hay que extremar las cautelas en la parcela ética:

  • Por una parte porque los riesgos propios de los daños que se pueden provocar en el cerebro durante la intervención del implante, deben estar suficientemente justificados (por ejemplo, para el tratamiento de una enfermedad o mejorar la calidad de vida de personas que sufrieron un accidente).
  • Por otra por el uso que se le puede llegar a hacer a estas tecnologías, ya que no sólo son aplicables a fines tan loables como los anteriores. Estos dispositivos podrían permitir potenciar capacidades de personas sanas, lo que producirá conflictos con respecto a la privacidad, la identidad, la acción o la desigualdad.

Grandes diferencias entre las interfaces invasivas y los no invasivas

Por su propia definición, la principal diferencia es que unas requieren intervención quirúrgica, puesto que es un implante en el propio cerebro, y por tanto entraña riesgos para la salud y otras no.
Evidentemente, las invasivas tienen algunas ventajas sobre las no invasivas, sobre todo en materia de precisión, lo que abre un mayor abanico de posibilidades.

Las interfaces no invasivas, entrañan menos problemas éticos, pero la precisión y el potencial es mucho menor.

En Europa es más común encontrar técnicas no invasivas, precisamente. En cambio en Estados Unidos proliferan un mayor número de proyectos que emplean las invasivas.

No sólo si se encuentra dentro o fuera del cráneo diferencia a las BCI, también habría que hablar por ejemplo de las bidireccionales, esto es, interfaces que no sólo recogen información para a partir de ella realizar alguna acción con otro dispositivo o computador, sino que también permiten emitir señales al sistema nervioso y estimularlo.

¿Qué limitaciones existen actualmente?

A pesar de los grandes avances que en esta materia han venido sucediendo desde que en 1.969 el investigador Eb Fetz demostró que los monos eran capaces de amplificar sus señales cerebrales para controlar una aguja que se movía sobre un dial, aún existen ciertas barreras que la ciencia debe romper.

En primer lugar porque la capacidad de medición con los dispositivos actuales está muy limitada. O se focaliza en un área muy concreta o se pierde el detalle de la actividad completa a tiempo real. Por otra parte, y aunque también aquí haya avances significativos, aún existe un gran desconocimiento del funcionamiento del cerebro.

REFERENCIAS:

  1. BBVA Openmind - Conectar nuestro cerebro con las máquinas: ¿la última barrera? (Beatriz Guillén 26-06-2017)
  2. EL PAÍS Ciencia - Fusionar mente y máquina: ¿de verdad estamos cerca? 16-04-2017 
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