El amor está en el espacio sináptico

14 Febrero 2017

Hoy 14 de febrero, dia de San Valentín, vamos a hablar de lo que sucede en nuestro cerebro cuando sentimos amor. Esa respuesta la pueden contestar seguramente con mucha más precisión los poetas que los científicos. Lo que desde la neurociencia se trata de explicar son más bien los procesos neurológicos fundamentales involucrados en el amor. Pero no se puede pensar en el amor como algo único y aislado, dentro del amor se pueden encontrar 3 fases, que si bien suelen seguir un orden, no tienen por qué hacerlo. Estas fases son la fase de deseo, la de amor romántico y la de apego. Cada una de ellas con un objetivo evolutivo concreto y una serie de procesos químicos encaminados a cumplir ese fin.

 

Los procesos químicos del cerebro

Antes de nada es necesario saber a qué nos referimos cuando hablamos de procesos químicos. Como todos sabemos nuestro cerebro está compuesto por una compleja red de neuronas que conectan distintas partes del cerebro que a su vez suelen tener funcionalidades asociadas. Pero estos circuitos formados por neuronas no son como un cableado eléctrico en el que una señal entra por un lado y sale por el otro sino que la conexión entre unas neuronas y otras se realiza a través de un espacio sináptico en la que una neurona “lanza” al siguiente punto unos neurotransmisores. Estos neurotransmisores, al llegar a la siguiente neurona pueden ser procesados o no dependiendo de otros químicos que se encuentren el en sistema. Esa es la magia de las hormonas, que hace que ante un mismo estímulo nuestro cerebro no se comporte siempre del mismo modo.

 

¿Que hormonas hay implicadas en los distintos procesos?

En el cerebro no hay siempre una hormona u otra, lo que sí se detecta es una concentración mayor o menor de ciertas hormonas.

 

Fase de deseo

Para comenzar, en la fase del deseo o impulso sexual, las hormonas que toman protagonismo son los andrógenos y la testosterona. Estas hormonas se encargan de disparar el deseo de apareamiento.

 

Fase de enamoramiento

Más tarde, suele comenzar lo que conocemos como amor romántico. En esta fase se produce un aumento de la dopamina, que es un neurotransmisor asociado generalmente con los procesos de refuerzo y motivación y hace que queramos repetir lo que nos ha producido ese placer. También se produce aumento de otras sustancias como norepinefrina, feniletilamina o noradrenalina, que se asocia con el aumento de la memoria a corto plazo, lo que quizás hace que nos olvidemos de las cosas malas de la persona amada. Pero no todo es aumentar concentraciones de sustancias, también juega un papel importante la reducción de serotonina, que hace que el sujeto se centre en la persona amada. ( de hecho los tratamientos basados en serotonina son eficaces en el tratamiento de trastornos obsesivos).

 

Fase de apego

Por último está la fase de apego, el la que las hormonas que más influyen son la vasopresina, oxitocina y dopamina (en menor grado que en la fase anterior). Según un experto de la Universidad de Edimburgo, Gareth Leng, la oxitocina es una hormona básica en el amor a largo plazo ya que ayuda a crear lazos permanentes. Esta sustancia se genera por ejemplo en grandes cantidades en el momento del parto y activa ciertos mecanismos parecidos a los que generan las adicciones.

 

El amor al servicio de la especie

A nivel evolutivo, no sólo en humanos sino también en otros mamíferos y aves, las 3 fases del amor son completamente necesarias.

    • La primera, el deseo, es la que busca aparearse para perpetuar la especie.
    • la segunda, el amor romántico, al centrar la atención del individuo en una sóla pareja, disminuye el tiempo y energía necesarios para el cortejo.
    • La tercera, que es el apego o amor a largo plazo, crea unos lazos entre la pareja que se prolongan en el tiempo y que en cierto modo generan adicción. Estar químicamente “enganchado” a la pareja permite conservar la estabilidad durante la cría de las nuevas generaciones.

 

La fórmula del amor

Aún no conocemos todos los procesos que disparan el amor, pero si los conociéramos nada cambiaría. Conocer los ingredientes de nuestra receta preferida no hace que nos guste menos (incluso puede ser que nos sintamos aún más fascinados por ella). Lo que sí se puede hacer ya es usar el conocimiento que tenemos para fomentar unas emociones u otras. Por otro lado ahora sabemos que cuando alguien nos dice que el amor es como una droga quizás no solo sea una metáfora y que una de las cosas más bonitas que le puedes decir a la persona amada, mirándola directamente a los ojos, es que te dispara los niveles de oxitocina.

 

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