Habilidades sociales

3 Marzo 2020

EL SOPORTE BÁSICO DE LA INTERACCIÓN CON LOS DEMÁS

Hoy en día el término “habilidades sociales” nos resulta familiar, lo hemos escuchado de forma frecuente en nuestras conversaciones e incluso nosotros mismos lo hemos podido utilizar en más de una conversación. Pero realmente ¿Sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de ellas? ¿Tenemos constancia de cuáles son y cómo trabajarlas? En este artículo intentaremos desarrollar poco a poco estos conceptos de forma que cuando termines de leerlos todos queden claros.

 

Origen del estudio de las Habilidades sociales 

Las interacciones entre los seres humanos y las conductas que se derivan de esas interacciones es algo que ha sido objeto de estudio por parte de la Psicología prácticamente desde sus inicios, pero no fue hasta el año 1970 cuando comenzó la expansión y desarrollo del estudio e investigación de las habilidades sociales.

Podemos establecer el origen de las habilidades sociales a partir de los estudio de Salter en torno al año 1949. Este psicólogo estadounidense está considerado como uno de los padres de la terapia conductual y en su libro “Terapia Reflexiva Condicionada” desarrolló 6 técnicas para la intervención en habilidades sociales, dando lugar de esta manera a diversos estudios posteriores.

Mientras esto sucedía en Estados Unidos, al otro lado del océano, en Europa, dos psicólogos ingleses, Argyle y Kendon, en el año 1967, relacionaban el término de habilidades sociales con la psicología social.

 

¿Qué son las habilidades sociales?

Con el término “Habilidades Sociales” ocurre como con muchos otros constructos dentro de la Psicología y es que no existe un consenso en torno a la definición de este concepto y por tanto existen múltiples definiciones del mismo. Este hecho no quiere decir que las habilidades sociales sean indefinibles sino que podemos extraer una definición en función de sus características principales.

Las habilidades sociales son un conjunto de conductas:

  • Aprendidas de forma natural: Este hecho implica que son comportamientos que vamos adquiriendo a medida que nos desarrollamos y relacionamos con el medio y que por tanto pueden mejorarse o adquirirse por medio del entrenamiento.
  • Que se manifiestan en situaciones interpersonales que son socialmente aceptadas: Claramente son comportamientos que tienen lugar en situaciones en las que es necesaria la interacción con otras personas además esa interacción se produce dentro de un contexto social, lo cual implica, conocer y aplicar determinadas normas y protocolos de conducta socialmente aceptados, ya sean legales, morales o culturales.
  • Que están orientadas a la obtención de refuerzo social o personal: Lo que mantiene este tipo de conductas es la obtención de alguna consecuencia positiva después de su realización. En el caso de las habilidades sociales estos reforzamientos suelen ser de tipo social (reconocimiento social, respuestas afectivas positivas, inclusión social) aunque también tienen un alto componente de reforzamiento personal, por ejemplo, la consecución de algún objetivo por medio de la interacción.

Las habilidades sociales presentan una relación directa con las llamadas “habilidades blandas”, consideradas como fundamentales para conseguir relaciones de calidad y poder establecer vínculos duraderos por medio de las interacciones con las personas.

Somos seres sociales y esto implica que nos desenvolvemos en contextos en los que la interacción con los demás es necesaria, en consecuencia las habilidades sociales son fundamentales para que el individuo pueda obtener los objetivos que pretenda conseguir, manteniendo su autoestima y sin perjudicar a las personas que le rodean. En este sentido un buen dominio de las habilidades de comunicación así como también la capacidad de autocontrol emocional resultan básicas.

En algunos contextos se habla indistintamente de habilidades sociales y competencias sociales, no siendo exactamente el mismo concepto aunque es evidente que guardan una estrecha relación. Podemos decir que la competencia social sería la capacidad de saber cuándo, dónde y cómo podemos poner en práctica nuestras habilidades sociales.

 

¿Por qué son importantes las habilidades sociales?

A lo largo de este artículo hemos hecho hincapié en varias ocasiones en la importancia que las habilidades sociales tienen en el desempeño diario del ser humano. Algunas de las razones que ilustran esa importancia son las siguientes:

  • Según Kelly (1987) existe una fuerte correlación entre la competencia social presente en la infancia y su adaptación social y psicológica. Según este autor un niño con una alta competencia social experimentará una mayor adaptación tanto en clase como con sus iguales. Por el contrario, el hecho de no disponer de las habilidades educativas adecuadas supondrá una baja aceptación personal y también rechazo y aislamiento social.
  • Argyle en 1983 y posteriormente otros especialistas como Gilbert y Connolly en 1995 sostienen que las carencias, en cuanto a habilidades sociales se refiere, pueden llevar a un desajuste psicológico, el cual tiene como consecuencia que la persona que presenta dichas carencias se vea abocada a utilizar estrategias poco adaptativas para resolver los conflictos que se le presenten. Por tanto, la adquisición de habilidades sociales supone una mayor posibilidad de prevenir y superar determinados trastornos.
  • Numerosos estudios han encontrado la existencia de una correlación positiva entre las habilidades sociales y la aceptación, el rendimiento académico y la alta autoestima.
  • En muchos casos, en el marco de una intervención psicológica clínica, se utiliza el entrenamiento en habilidades sociales como estrategia de tratamiento y prevención de determinados trastornos o conductas desadaptativas.
  • Una persona que adolezca de falta de habilidades sociales, tendrá dificultades cuando se enfrente a una situación complicada ya que su capacidad para relacionarse, no solo con las personas sino también con el medio que le rodea, se encuentra mermada. Estas carencias, por ejemplo, favorecen los comportamientos disruptivos y esto puede tener como consecuencia una mayor dificultad para el aprendizaje.

 

¿Cuáles son las principales funciones de las habilidades sociales? 

Una vez que con el punto anterior ha quedado clara la importancia de las habilidades sociales podemos centrarnos en sus funciones, que en cierta manera también son argumentos que dejan clara la relevancia de estas capacidades para el desarrollo social y personal de un individuo.

Gil y León en el año 1995 establecieron las siguientes funciones para las habilidades sociales:

  • Actúan como reforzadores positivos en situaciones en las que se produce una interacción social.
  • Permiten mantener o mejorar las relaciones interpersonales existentes entre las personas. Aspectos como la comunicación resultan capitales para posibles intervenciones en distintos contextos.
  • Propician que el individuo reciba reforzamiento social de aquellas personas que son importantes para dicho individuo.
  • Favorecen la disminución del estrés y la ansiedad de una persona cuando tiene que enfrentarse a determinadas situaciones sociales.
  • Permiten mejorar y mantener aspectos personales tan relevantes como la autoestima y el autoconcepto.

 

Modelos teóricos que intentan explicar las habilidades sociales

Ya hemos comentado anteriormente que las habilidades sociales son estrategias y conductas que aprendemos de forma natural. Esta concepción como recursos aprendidos implica el intento de explicar la forma de adquisición de dichas destrezas. Son muchas las teorías enunciadas a este respecto, en este artículo nos centraremos concretamente en dos de ellas.

 

La teoría del aprendizaje social de Bandura

Esta teoría enunciada por el psicólogo Albert Bandura, tiene su fundamento básico en el concepto del condicionamiento operante desarrollado por Frederic Skinner en 1938. Skinner, es uno de los padres del conductismo y establece que la conducta se encuentra regulada por las consecuencias que dicho comportamiento genera en el entorno, de tal manera que el aprendizaje queda determinado por la siguiente serie de elementos:

  • Estímulo: Aparece determinado elemento o situación a la que el individuo debe enfrentarse.
  • Respuesta: La personas reacciona al estímulo que se ha presentado de una determinada manera.
  • Consecuencia: Por último, esta respuesta genera unas consecuencias que pueden ser positivas o negativas. Normalmente si las consecuencias son positivas la persona tenderá a repetir la misma conducta en situaciones parecidas, mientras que si las consecuencias son negativas la persona tendrá una mayor tendencia a no volver a realizarla.

Según este esquema nuestro comportamiento vendrá determinado por los antecedentes y las consecuencias que produzca nuestra respuesta a esos antecedentes. Centrándonos ahora de forma particular en las habilidades sociales, según Bandura, la adquisición de estas se produce por medio de:

  • El reforzamiento positivo directo de las habilidades, es decir, el uso de las habilidades provoca consecuencias positivas y por tanto se continúan realizando.
  • El aprendizaje vicario. Implicaría aprendizaje por observación de conductas socialmente deseables.
  • Retroalimentación personal. Evaluar nuestro propio comportamiento.

Estos tres conceptos suponen la base de este aprendizaje social y a partir de ellos se pueden establecer programas de entrenamiento en habilidades sociales encaminados a:

  • Aprender qué conductas nos demanda una determinada situación.
  • Crear oportunidades de observar y ejecutar esas conductas.
  • Que existan referencias para poder determinar qué comportamientos propios funcionan y cuáles no.
  • Mantenimiento de los logros que ya se han alcanzado.
  • Generalización y consolidación de las conductas ya adquiridas.

 

Análisis experimental de la ejecución social de Argyle y Kendon

En este modelo nos remontamos a 1967 en el que estos dos psicólogos británicos intentaron explicar el funcionamiento de las habilidades sociales. Para tal explicación establecieron como concepto principal el rol en el que se integran conductas motoras y también los procesos perceptivos y cognitivos. Las similitudes existentes entre las habilidades motoras y la interacción social determinan las fases que forman este modelo explicativo:

  1. Fines de la actuación hábil: En esta primera fase se busca conseguir metas u objetivos bien definidos.
  2. Percepción selectiva de las señales existentes
  3. Procesos centrales de traducción: Una vez percibidas las señales, la información recibida se procesa y se le asigna un significado concreto. Una vez establecida la significación se generan alternativas de respuesta y de ellas se selecciona y la planifica la que se evalúe como más eficaz y menos costosa.
  4. Respuesta: Se pone en práctica la alternativa elegida en la fase anterior.
  5. Retroalimentación y corrección: Las reacciones de la persona con la que está interactuando el individuo le proporciona a este, información del nivel de eficacia de su comportamiento. Si se evalúa la respuesta dada como eficaz, se terminaría el circuito, si no es así sería necesaria una corrección e implicaría volver a la fase dos.

Según este modelo la falta de habilidades sociales vendrían determinados por errores que se producen en alguna de las fases anteriormente descritas y que provocan una interrupción manifiesta de la interacción social.

 

Tipos de habilidades sociales 

Existen una gran cantidad de habilidades sociales, precisamente es interesante agruparlas en categorías más amplias que nos permitan un mayor manejo de ellas a nivel explicativo. Siguiendo este criterio podemos categorizar estas destrezas sociales en dos tipos, las habilidades sociales básicas y las habilidades sociales complejas.

 

Las habilidades sociales básicas 

En esta categoría encontraremos habilidades que se encuentran muy relacionadas con las habilidades de comunicación.

  • Saber escuchar: La escucha activa supone una habilidad fundamental para la relación con otras personas. Es indispensable para la comunicación, no solo que prestemos atención y entendamos el mensaje de nuestro interlocutor sino también que esa persona perciba que los estamos escuchando.
  • Iniciar una conversación: Saber iniciar una conversación puede parecer a priori una habilidad no demasiado importante, pero supone el inicio de la interacción y puede ser de gran utilidad para desenvolverse en situaciones sociales nuevas. Requiere soltura y control de las habilidades comunicativas para poder realizar un acercamiento a alguien sin resultar amenazante.
  • Formular preguntas: Controlar esta habilidad permite hacer reclamaciones y también forma parte de la asertividad. Es una habilidad social muy útil en cualquier contexto, desde la obtención de información relevante para conseguir algo, hasta indicarle a una persona que estamos atendiendo a lo que nos está diciendo.
  • Dar las gracias: Supone una habilidad básica ya que se basa en la reciprocidad. Dar las gracias permite reconocerle a otra persona que ha hecho algo por nosotros. Este hecho puede ayudar a crear relaciones más afables y duraderas.
  • Presentarse y saber presentar a otras personas: Con este gesto se nos abren las puertas de los contextos sociales, es decir, saber presentarse nos proporciona la facilidad para introducirnos en una situación social, al igual que si presentamos a otras personas también las incluimos en esas situaciones y las hacemos partícipes de ellas.

 

Las habilidades sociales complejas 

No hay que perder de vista que resulta esencial dominar las habilidades sociales básicas para posteriormente llegar a controlar las complejas. Conviene señalar también que las habilidades sociales a utilizar en cada situación dependerán de la complejidad y de las demandas de dicha situación.

  • Inteligencia emocional y Empatía: Elementos clave en las relaciones con otras personas ya que nos permiten ponernos en su lugar y en función de ello actuar en consecuencia para adaptarnos de la mejor forma posible a nuestro interlocutor.
  • Asertividad: Esta habilidad nos va a permitir poder expresar nuestros deseos, quejas o necesidades de una forma respetuosa con los demás, así como también escuchar y atender las quejas, necesidades o deseos de los demás.
  • Definir un problema, negociar y realizar evaluaciones de las posibles soluciones: Otra habilidad tremendamente útil, sobre todo teniendo en cuenta la complejidad de los contextos sociales en los que nos movemos. Saber analizar las situaciones y generar soluciones eficaces hace que nuestro desempeño social sea mucho más operativo.
  • Pedir ayuda: Ser conscientes de que no podemos con todo y que en ocasiones es necesario que alguien nos eche una mano, es básico para evitar aspectos como la frustración, por ejemplo. Implica conocer nuestros límites y por supuesto es necesario saber cómo pedir esa ayuda de una forma adecuada.
  • Convencer a los demás: En este punto resulta necesario explicar que convencer y manipular no son la misma cosa. Convencer implica argumentar, que se produzca una conexión con nuestros interlocutores y que además se produzca un entendimiento donde la otra persona comprenda que un determinado acto o determinada conducta va a resultar beneficiosa para él.

Además dentro de las habilidades sociales complejas podemos incluir también:

  • Habilidades de tipo afectivo: Son habilidades que tienen que ver con el conocimiento control y regulación tanto de nuestros propios sentimientos como de los de los demás.
  • Habilidades que suponen alternativas a la agresión: El fin de estas habilidades es evitar los conflictos agresivos en las interacciones sociales.
  • Habilidades para enfrentarse al estrés: Como su propio nombre indica, estas habilidades permiten enfrentarse a los requerimientos de situaciones concretas de una forma adecuada lo cual implicará que se reduzcan los niveles de estrés.

 

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